Fórmula de las cuatro L del liderazgo: aprende cómo ser un líder empresarial

Basada en las famosas 4 P del marketing que surgieron de la mano de Jerome Mccarthy en el 1960, nace una nueva teoría, de autor desconocido, acerca del liderazgo.

Si algo tiene que distinguir a los líderes empresariales del resto de CEOs son las diferentes habilidades y cualidades que muestran a la hora de alcanzar todas las metas que se propongan y sobre todo que sean capaces de servir de guía e inspiración para el resto de los empleados.

De las 4 L que se necesitan para ser un líder, según esta fórmula, están:

  1. Lealtad: Se trata de un concepto fundamental en el ámbito de la empresa. Como se dice siempre el patrón tiene que ser el último en abandonar el barco; si vemos a nuestro lider totalmente comprometido con los ideales, no dudaremos en seguirle.
  2. Liberal: O más bien de actitud liberal y emprendedora. Un líder ha de tener capacidad para adaptarse a los cambios que se puedan presentar y no frustrarse sino tener capacidad de resolución e iniciativa, aparte de una actitud proactiva en cuanto a la consecución de metas, tener claros los objetivos y bien definido el camino a seguir hasta que estos se consigan.
  3. Luchador: Una actitud luchadora es la clave para conseguir todo lo que se proponga. Normalmente cuando nos imaginamos la figura de un líder, nos la imaginamos como alguien que no se detiene hasta conseguir llevar a su empresa al máximo éxito.
  4. Límpido: O mejor dicho transparente. Todos los empleados (y cliente) buscan a alguien de confianza al que seguir y en el que depositar su futuro. Es por ello que un buen líder será aquel que sepa transmitir transparencia y sinceridad.

En esta fórmula también podremos encontrar el opuesto de las cuatro L de liderazgo las cuales no debemos seguir bajo ningún concepto.

  • Lóbrego: Una imagen de abatimiento triste o melancólica no sirve como motivación para los empleados. Y no da seguridad a nuestros clientes para que confíen en nosotros.
  • Laberíntico:  Tenemos que tener clara la estrategia a seguir. Si no la tenemos clara o no podemos transmitirla, les estaremos enviando a nuestros empleados y clientes un mensaje de inseguridad, debilidad o indiferencia.
  • Laxo: la laxitud en cuestiones de moral; si estamos a cargo de una empresa es un punto negativo. A veces nos tendremos que enfrentar a cuestiones que a lo mejor no son de nuestro mayor agrado pero no podemos dejar entrever que dudamos de nuestras decisiones.
  • Lábil: Es una cuestión relacionada con la anterior. Una actitud frágil o endeble puede hacernos parecer una mala opción y darle alas a nuestros competidores. Debemos ser fuertes, emprendedores y seguros de nosotros mismos y de lo que representamos.

En este post nos proponemos añadirle un plus extra a las 4 L del liderazgo.

  • Hay que mencionar la ética, entendida con respecto a la empresa a cumplir con lo prometido y cuidar de la integridad y justicia, con respecto a sus trabajadores.
  • Resultados medibles o capacidad para obtener buenos resultados. Un líder que consigue lo que dice que va a conseguir inspirar confianza a sus trabajadores, además de dar una imagen de eficacia y capacidad de resolución.
  • Consideración hacia sus trabajadores, o sea una actitud de escucha activa que implica respeto y empatía, así como mostrar a los trabajadores interés por sus ideas y opiniones.
  • Compromiso junto con la L de «lealtad»: un buen líder creerá en lo que hace.
  • Aparte de tener una visión estratégica junto con la de adaptación y aparte de valores estratégicos (ya que la empresa evoluciona y por lo tanto evolucionan también los objetivos y metas) tendremos que ser capaces de crecer y adaptarnos.
  • Por último, vamos a añadir al cóctel de liderazgo perfecto una actitud abierta hacia la inversión de recursos en el desarrollo de los nuevos talentos.

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